
Después de un largo -larguísimo- silencio, debo anunciar que en apenas dos días finaliza un periódo de casi seis años pues leo mi tesis.
Durante este tiempo me he sentido afortunado. Durante cuatro años pude disfrutar de una beca predoctoral que me permitió vivir y, más importante, conocer mundo. Como siempre digo, todo el mundo debería salir de su barrio al menos una vez en su vida y conocer otras gentes, otra forma de pensar, otros climas, e incluso otros sabores (jamás olvidaré la ternera insipida británica) etc. Asimismo, he conocido a mucha gente en la que pienso ahora con fuerza a lo largo de este tipo. Tanto en España como en Francia o en Inglaterra. A todos, un beso, un abrazo y un saludo.
No obstante, si escribo esta entrada, aparte de acabar con este silencio electrónico, es para agradecer a una persona en particular sin la que jamás me hubiera dedicado todos años a esto -ejem, dejando a Indiana Jones a un lado. Hablo de un viejo profesor mío de Historia durante el Instituto. Hablo de Alejandro Peris Barrio. Durante los dos años que tuve la oportunidad de conocerle y de ser su alumno en unas clases abarrotadas, descubrí una pasión, una admiración por el pasado del hombre que me dejó profundamente marcado. A la mayor parte de mis compañeros, Peris les parecía un puto coñazo, un viejales insoportable y aburrido. Adaptando al bueno de Theodor Sturgeon, el 90% de la gente es, por decirlo finamente, garrula.
Tenía claro desde los 12 años que lo que me gustaba era la historia. No perdía la oportunidad de agenciarme y de leer cualquier cosa que hablara del pasado, si bien la mayor parte de las cosas que leí fueron hasta llegar a la universidad, cosas muy light y de escasa relevancia en ningún sentido. No obstante, fue conocer al viejo maestro Alejandro Peris lo que me impulsó a seguir el camino que hoy estoy orgulloso de haber emprendido. Su forma de explicar, su manera de involucrarnos en los avatares de la historia, me provocaban mariposas en la mente. Allí, en aquellas clases feas como ellas solas del instituto, sentí que debía dar el paso adelante e imbuirme en el análisis del hombre a través del tiempo.
Así pues, que este post, a apenas dos días de la lectura de mi tesis, sirva para reconocer y homenajear a un gran hombre, a un gran historiador y a un extraordinario profesor.
Gracias, Peris.
PD. Aunque estas palabras, que nunca leerá Peris, sean sentidas, lo cierto es que no puedo competir con lo que he visto en google. No en vano, ¡he comprobado como en Villa del Prado le han dedicado una calle a Peris! No me extraña, al igual que hiciera con Móstoles, Peris escribió una monografía sobre la historia de este pueblo del sur de Madrid... unos empeños que tienen mérito, porque no sé qué coño puede hablar de esos dos lugares.